El equipo de protección personal es una barrera esencial frente a múltiples riesgos del trabajo. Pero para que realmente proteja, no alcanza con tenerlo disponible: es necesario revisar su estado antes de cada uso y asegurarse de que sea adecuado para la tarea.
Un casco con fisuras, lentes rayados, protectores auditivos deteriorados, guantes desgastados o calzado en mal estado pueden perder efectividad sin que siempre se note a simple vista. Por eso, la inspección previa del EPP debería ser una rutina y no una excepción.
Esta revisión no lleva mucho tiempo. Consiste en verificar que el elemento esté limpio, completo, en buen estado y correctamente ajustado. También implica confirmar que corresponde al riesgo presente y que no fue reemplazado por otro similar pero inadecuado. El uso correcto empieza con una elección correcta.
Además del estado físico, es importante considerar el almacenamiento y el mantenimiento. Un EPP bien guardado dura más y conserva mejor sus propiedades. Cuando se lo deja expuesto al sol, a la humedad o al polvo en exceso, su vida útil puede reducirse y su capacidad de protección verse afectada.
Incorporar la revisión del EPP a la rutina diaria es una práctica sencilla, pero muy valiosa. En seguridad, muchas veces los grandes problemas se evitan con controles pequeños y constantes. Revisar antes de usar es uno de esos hábitos que conviene sostener siempre.

